29 feb. 2020

La poesía visual de Silvia Flichman
Por Luis Felipe Noé
Suelo decir algo que profundamente creo: la pintura es esencialmente abstracta porque sus elementos constitutivos –línea, color y espacio- son connotativos antes que denotativos. Lo que es figurativo es el mundo que nos rodea y nosotros mismos. Es así que la pintura tiene la posibilidad de, si el artista quiere, de llegar a ser hiperrealista en base a la coordinación de esos elementos o mezclar los elementos abstractos con los figurativos o también quedar en el dominio de la abstracción. Sin embargo, en el siglo XX, junto con la afirmación de la pintura abstracta se agregó un cuarto elemento el collage, con el cual se puede lograr una nueva imagen en base a imágenes anteriores. Recuerdo todo esto para referirme a las obras de Silvia Flichman en las cuales el espacio escenario –la superficie blanca de la tela- es privilegiado con el propósito de hacer danzar a la línea entre colores que (musicalmente diría) la acompañan. Lo curioso es que como metodología prima en sus obras el collage, pero Silvia atomiza la imagen referencial (si es que la tiene) dado que lo que le interesa es la sensorialidad de los papeles a los que apela para ir constituyendo la obra. Las pinturas de Silvia logran así un encanto muy particular: las imágenes que nos brinda son el testimonio, muy refinado por la sensibilidad, de la vida vivida no siempre gozosa. Pero sus obras, aunque algo melancólicas, sonríen con ironía. Y lo muy propio de ella es que es un ejemplo de poesía visual, porque utiliza todos los elementos indicados de una manera esencial para abstractamente referirse a la vida como quien dijera “amor”.
Luis Felipe Noé / 2008 Sunday, June 15

27 oct. 2017

Crear


En el llamado acto creador el yo no está presente.
Se es sin estar ahí. Y más se es cuanto menos se está.
No interfieren costumbres prejuicios ni pensamientos que creemos propios,
tampoco existen categorías como bueno o malo,propio o ajeno.
No hay dioses ni naturaleza, no hay espejos ni prójimo que nos devuelvan una imagen tranquilizadora.
Es necesario el olvido para llegar a un estado de inocencia donde todo pueda suceder.
Se percibe una alegría fugaz.
Lo que sigue son acciones de origen desconocido aunque el movimiento sepa a dónde ir.
Es necesario obedecer a la corriente, ser el agua,escuchar una música que guía,
soltar la mano y que baile,
confiar en el ojo ,
sumergirse y poder salir las veces que sea necesario.
Cuando el cuerpo está cómodo porque ya nada sobra ni falta,
es el momento de terminar.
Sobre la superficie aparece algo nuevo, algo que no tiene nombre y que no es de nadie.
Algo que nos usó para nacer

Silvia Flichman

29 jul. 2013